poemas de amor

Haz lo que quieras.


Decíamos antes que la mayoría de las cosas las hacemos porque nos mandan, porque se acostumbran a hacerlas así […], porque son un medio para conseguir lo que queremos o sencillamente porque nos da la ventolera o el capricho de hacerlas así, sin más ni más. Pero resulta que en ocasiones importantes o cuando nos tomamos lo que vamos a hacer verdaderamente en serio, todas estas motivaciones corrientes recultan insatisfactorias.
Todo esto tiene que ver con la cuestión de la libertad, que es el asunto del que se ocupa propiamente la ética, según creo haberte dicho ya.
Libertad es poder decir si o no; eso me conviene y lo quiero, aquello no me conviene por lo tanto no lo quiero. Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de lo que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar, como podrás comprender. Y para no dejarse llebar no tienes más remedio que intentar pensar al menos dos veces que es lo que vas a hacer, lo siento, aunque te duela la cabeza… La primera vez que piensas el motivo de tu acción la respuesta a la pregunta es ¿por qué hago esto? Me lo mandan, porque es costumbre hacerlo, porque me da la gana. Pero si lo piensas por segunda vez, la cosa varía. Esto lo hago porque me lo mandan.. pero ¿ por qué obedezco lo que me mandan? Si obedezco porque quien da las órdenes sabe más que yo, no sería aconsejable que procurara informarme lo suficiente para decidir por mi misma? Y si me mandan cosas que no parecen convenientes, como cuando le ordenaron al comandante nazi eliminar a los judíos del campo de concentración? A caso no puede ser algo malo, es decir, algo no conveniente para mí por mucho que me lo manden, o bueno y conveniente aunque nadie lo ordene?
Lo mismo sucede respecto a las costumbres. Si no piendo lo que hago más que una vez, quizá me baste la respuesta de que actúo asó porque siempre es costumbre. Pero porque diablos tengo que hacer siemrpe lo que suele hacerse? Si vivo rodeada de gente que tiene la costumbre de discriminar a los negros y a mi eso no me parece ni medio bien, porque tengo que imitarles? Y cuando me interrogo por segunda vez sobre mis caprichos, el resultado es parecido. Muchas veces tengo ganas de hacer cosas que en seguida se vuelven contra mí, de las que me arrepiento luego. En asuntos sin importancia el capricho puede ser aceptable, pero cuando se trata de cosas más serias dejarme llevar por él sin reflexionar si se trata de un capricho conveniente o inconveniente, puede resultar poco aconsejable, hasta peligroso.
En resumidas cuentas: puede haber órdenes, costumbres, caprichos que sean motivos adecuados para obrar, epro en otros casos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como también a todos los caprichos, porque a veces resultarán convenientes o desagradables. Pero nunca una acción es buena solo por ser una roden, una costumbre o un capricho.
Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mií misma. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir, andie puede dispensarme de elegir o buscar por mí misma. Caudno se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad, basta con la obediencia, la rutina o el capricho. Pero es porque todavía se está dependiendo de alguien, en manos de otro que vela por nosotros. Luego hay que hacerse adutlo, es decir, capaz de incentar en cierto modo la propia vida y no simplemente vivir la que otros han inventado para uno. Naturalmente, no podemos inventarnos todo porque no vivimos solos y muchas cosas se imponen queramos o no […]. Pero la órdenes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.

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